Con la imposición de la ceniza en las parroquias del país, miles de familias guatemaltecas dieron inicio al período de Cuaresma, un tiempo de reflexión y penitencia para la comunidad católica. Este periodo de 40 días, que recuerda el pasaje bíblico de Jesús en el desierto, marca el comienzo de una de las temporadas más emblemáticas de la fe en Guatemala.
Durante la Cuaresma, la ferviente religiosidad del pueblo guatemalteco se expresa a través de numerosas tradiciones, siendo las procesiones uno de los elementos más representativos. En la Ciudad de Guatemala y en la Antigua Guatemala, estas manifestaciones de fe llenan las calles con el solemne paso de andas procesionales, cargadas por devotos que, con profunda entrega, rinden homenaje a la Pasión de Cristo.
Las procesiones, algunas con siglos de historia, reflejan la identidad cultural y espiritual del país. Acompañadas de marchas fúnebres, olor a incienso y alfombras de aserrín multicolor, estas expresiones religiosas se han convertido en patrimonio invaluable, no solo para los guatemaltecos sino también para visitantes nacionales e internacionales.
La Cuaresma también es un tiempo de preparación para la Semana Santa, considerada la celebración más importante del calendario litúrgico en Guatemala. Durante este período, la población participa en actos de oración, ayuno y reflexión, fortaleciendo la unión familiar y el sentido de comunidad.
Con una tradición que trasciende generaciones, la Cuaresma en Guatemala es mucho más que un tiempo litúrgico: es una manifestación viva de la fe, el arte y la cultura que sigue enriqueciendo el legado espiritual del país.
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