Tres estudios de acción contra el hambre evidencian el aumento del hambre por el Covid en américa latina

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Tenemos más miedo al hambre que al COVID se ha convertido en un clamor unánime en América Latina. Sin redes de protección sólidas en forma de subsidios, la enfermedad supone una condena al hambre para quienes vivían al día en la economía informal, han perdido su empleo por las restricciones de movimientos o encuentran alimentos cada vez más caros en los mercados, por las dinámicas comerciales generadas por la pandemia”, declaraban a los medios a primera hora de la tarde, América Arias, John Orlando y Miguel García, directores país de Acción contra el Hambre en Perú, Colombia y Centroamérica respectivamente.

Guatemala es el país de la región con mayor proporción de población en inseguridad alimentaria, una situación agravada por la crisis del coronavirus. En comunidades rurales del Corredor Seco, solo el 9% de los hogares acceden de manera segura a los alimentos suficientes para su correcto desarrollo, y la posibilidad de llevar una vida sana. El 91% de los hogares enfrentan distintos grados de carencia alimentaria

Casi cuatro millones de personas con dificultades para alimentarse en el Corredor Seco centroamericano

Los equipos de Acción contra el Hambre y organizaciones socias acaban de completar investigaciones de campo basadas en encuestas familiares en cuatro países de la región que evidencian cómo el COVID está dificultando la alimentación de las familias latinoamericanas.

Una de las zonas más críticas es el llamado Corredor Seco Centroamericano, que se extiende desde Nicaragua hasta Guatemala, y donde al menos 3,9 millones de personas están teniendo dificultades para alimentarse de acuerdo a estándares mínimos de cantidad y calidad nutricional. “En esta zona hemos entrevistado a una muestra de 3700 hogares, evidenciando que el 75% de las familias afirma no tener alimentos suficientes, al tiempo que perciben un aumento notable del precio de los mismos en los mercados”, señaló García.

A los perjuicios socioeconómicos provocados por la pandemia de se añaden la pérdida de cosechas provocada por los huracanes Eta e Iota que golpearon amplias zonas de Nicaragua, Guatemala y Honduras en noviembre. 

El endeudamiento, la venta de las escasas posesiones o el préstamo de alimentos entre familias son algunos de los mecanismos con los que la gente está afrontando esta situación extrema. “La puesta en marcha de programas de apoyo por parte de los Estados a las personas en peor situación socioeconómica, lo que se denomina redes de protección social, son el elemento clave que en circunstancias como esta pueden impedir que millones de personas caigan en la miseria, pero la cobertura de las incipientes redes de protección social en Centroamérica es aún muy dispar”, añadía.

Para reducir esta brecha humanitaria, en los últimos meses Acción contra el Hambre y ONG socias, con el apoyo de la Unión Europea, por medio de Protección Civil y Ayuda Humanitaria Europea -ECHO- han tendido una red alternativa que ha impedido la “caída” de más de 50,000 personas en comunidades rurales del Corredor Seco, proporcionando asistencia alimentaria en los peores momentos.

Acción contra el Hambre necesita 64,2 millones de euros para ayudar a 765 000 personas en 2021

Los tres directores de país presentaron también el llamamiento para financiar la respuesta regional diseñada por Acción para el Hambre en la región, que se articula en tres ejes de acción:

Personas: Ayuda alimentaria y monetaria, tratamiento de la desnutrición, provisión de material de higiene y equipos de protección, entre otros.

Territorios: Refuerzo de estructuras de salud y programas de salud comunitaria, mejora de la empleabilidad, y apoyo a PYMES como medio de vida, entre las principales actividades.

 Sistemas: Generación de información de calidad sobre cómo afrontar las causas y consecuencias del hambre agravadas por la pandemia, canales digitales para el intercambio de experiencias y fortalecimiento de las alianzas entre los actores locales, explicaba Lettera, al frente de los equipos de Acción contra el Hambre en América Latina.

Nuestra intención es convertirnos en una red de protección para los miles de personas que han visto cómo la pandemia se transformaba directamente en hambre, mitigando el golpe con actividades de intervención en los ámbitos de la nutrición, la seguridad alimentaria, el agua y los medios de vida. Vamos a trabajar sin descanso para ello”, finalizó.